Aquellos que colocan el cemento de las veredas a veces se toman muy literal eso de que "Lima es una ciudad en un desierto" y olvidan que también es una ciudad con bastante humedad. Las lloviznas limeñas no ameritan el uso de paraguas ni drenajes especiales, pero un poco de agua sobre una vereda puede convertir a cualquiera en un patinador amateur involuntario.
Este inconveniente se presenta en particular en los tramos más lisos de las veredas. Un ejemplo se ve en la siguiente imagen:
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| En condiciones secas. |
Las baldosas en la parte central de la imagen (con las tapas metálicas) son diferentes: son lisas y no absorben el agua. Por lo tanto, se vuelven resbaladizas durante una llovizna.
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| En condiciones húmedas. Nótese el reflejo. |
Para quien camine por ahí, esto supone un riesgo de caída. El pavimento debería ser uniforme y absorbente. Y si no es factible colocar pavimento absorbente, puede aumentarse la rugosidad en la superficie; pero no se debe construir asumiendo un clima totalmente seco: ello es dar la espalda a la realidad y a las necesidades de los caminantes de la urbe.

